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¿PUEDE UNA PERSONA QUE SABE QUE TIENE O PREVÉ QUE PUEDE TENER EL CO VID 19 SER DEMANDADA POR NO RESPETAR EL AISLAMIENTO O CUARENTENA Y CONTAGIAR A OTRA PERSONA?

Tanto el aislamiento como la cuarentena son prácticas “que se utilizan para detener o limitar la propagación de la enfermedad”, explica el Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos (HHS por sus siglas en inglés) en su página web.

Ahora bien, corresponde señalar, que aislamiento y cuarentena no son sinónimos.

El aislamiento se usa para separar a las personas enfermas que tienen una enfermedad contagiosa de aquellas que están sanas.  Pragmáticamente hablando, el aislamiento supone lo mismo que una cuarentena, pero se reserva solo a quienes están enfermos, a los efectos de mantener  a las personas infectadas, lejos de las personas sanas para evitar que la enfermedad se propague.

La cuarentena en cambio se usa, para separar y restringir el movimiento de personas sanas o por lo menos asintomáticas, que pueden haber estado expuestas a una enfermedad contagiosa para ver si se enferman o para personas de edad avanzada y con patologías crónicas, que los hacen correr no sólo más riesgo de contagio, sino también, en caso de contraer la enfermedad, consecuencias más graves. Para estos casos, es un hecho notorio que durante un período  aproximado de 14 días, las personas en cuarentena no pueden ir a trabajar, a la escuela ni a ningún otro lugar público donde puedan tener contacto con otras personas, con excepciones que en cada caso se determinan normativamente (supermercados, farmacias, estaciones de servicio, centros de salud, emergencias móviles, o trabajar en esos establecimientos, o con quienes proveen a los mismos, bomberos, policías, militares, centros penitenciarios, etc).

Si una persona resulta contagiada a raíz de la actitud de otra que sabiendo, previendo o habiendo podido prever, que podría tener el Covid 19, no respeta el aislamiento o la cuarentena (fuera de las excepciones establecidas en la normativa o directivas del gobierno), podría demandar a ésta última, por responsabilidad extracontractual (art. 1319 del Código Civil), reclamando daño emergente y lucro cesante en virtud del tiempo que deba permanecer aislado socialmente sin poder trabajar y eventualmente también por daño moral, en virtud del sufrimiento derivado de no poder tener contacto personal, con sus afectos más cercanos.

Es necesario sin embargo para tener éxito en un eventual proceso,  probar  que la persona que no respetó la cuarentena o aislamiento, sabiendo que había contraído el Coronavirus, o al menos, que había tenido un contacto personal con  un paciente contagiado a menos de dos metros de distancia o que haya viajado a un país de riesgo en los 14 días previos y  además,  demostrar –que es lo más dificultoso- que dicha persona contagió efectivamente a la otra. Es decir, no alcanza con probar que esta persona y quien desea demandarla hayan estado al mismo tiempo en el mismo lugar o evento, porque podría haber allí, más de una persona contagiada. Distinto es que hayan estado sentados uno al lado del otro por ejemplo, o le haya alcanzado una copa o un vaso, etc.

 

Por otra parte, la teoría del acto propio impediría que pudiera demandar un contagiado por otra persona con la cual, se hubiera puesto en contacto voluntariamente, a pesar de saber que se trataba de una persona en aislamiento o cuarentena, desatendiendo las recomendaciones de las autoridades, entre otras. Y además, corresponde evaluar en el caso concreto, si el contagio se produjo únicamente por el actuar imprudente de la persona enferma o si la víctima colaboró o fue negligente, de la manera antes indicada o de otra, a los efectos de ver cómo pueden distribuirse las responsabilidades.

Como en cualquier proceso en definitiva, corresponde probar la efectividad y cuantía del daño sufrido por la víctima, por cada rubro reclamado y a consecuencia directa del contagio sufrido, de tal modo que si éste no hubiera ocurrido, el mismo no se habría producido. Esto no es otra cosa que el conocido principio según el cual, se indemnizan sólo los perjuicios ciertos, no los meramente hipotéticos o eventuales.

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