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Juriste – Editorial del Presidente

“Donde hay poca justicia es un peligro tener razón”.
1-Francisco de Quevedo

Esta es una preocupación que alrededor del mundo se escuchan cada vez con más fuerza voces que nos hablan sobre los derechos del hombre. Como presidente de la Unión Internacional de Abogados he participado en foros y debates sobre el tema que es mirado a través de diferentes cristales políticos, culturales, antropológicos.

Lo que resulta evidente, es que todos hablamos de los derechos del hombre en un mundo que es diferente para los hombres porque la situación de cada uno depende del lugar y el contexto en el que hayan nacido o en el que vivan. Un mundo que es desigual, asimétrico, y con sistemas jurídicos diferentes. Por esta razón es que no me canso de repetir que el abordaje del tema exige de todos nosotros un esfuerzo de comprensión.

Presido un organismo que representa a este mundo que acabo de describir y por tanto está integrado por hombres diferentes, con diferentes credos, religiones y razas. Un organismo que siente el orgullo de haber hecho de esa diversidad una fortaleza y, sobre todo, un marco de respeto y entendimiento.

En el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas se establece la necesidad de “reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas…”

Esta afirmación ha sido y es repetida por cientos de organizaciones alrededor del mundo creadas para tratar el asunto y – sobre todo – para intentar mejorar una situación que es mejorable. Consejos de derechos humanos, comisiones de derechos humanos, subcomisiones, comités, organismos no gubernamentales… La lista es larga y todos la conocemos, pero a menudo no tenemos en cuenta que la tarea de defender esos derechos la llevamos adelante – por lo general – los abogados.

Hoy más que nunca los abogados del mundo buscamos garantizar este derecho. Pero para eso debemos trabajar en todos los rincones del planeta para lograr que “el poder, esté subordinado al derecho”.

Y si los abogados en muchos casos arriesgan su vida en esta tarea, no hay que abandonar la pregunta que se ha convertido en un motor de nuestro trabajo al frente de la UIA: ¿Quién defiende a los que defienden?

A veces – y creo que con la ayuda de la industria cinematográfica –, la opinión pública de muchos países tiende a asociar a los abogados con las personas o instituciones acusadas de un delito. Es decir que la actividad de ese abogado no se asocia con la protección de los derechos a la libertad y la justicia, sino con la condición del defendido. Esta, es sólo una de las muchas razones por las que la función del defensor puede ser peligrosa, sobre todo en entornos de agitación social e inseguridad.

Si a lo anterior le agregamos los problemas de falta de independencia de la justicia en muchas naciones, encontraremos nuevas razones para no abandonar esta lucha por la defensa de la defensa, por los abogados del mundo en peligro por ejercer su profesión.

Como todos saben esta es una de las principales preocupaciones de esta presidencia. Sentimos la urgente responsabilidad de colocar en la pantalla de radar del mundo el problema de los abogados en peligro. Y cuando digo “urgente” estoy diciendo que mientras escribo estas líneas hay muchos colegas en varios lugares del planeta que deben tomar difíciles decisiones para proteger su vida y las de sus familias sólo por ejercer esta profesión que tanto amamos.

Queremos que exista en el calendario el “Día del abogado en peligro”. Tal vez como una referencia para involucrar a la comunidad internacional en el problema, y convencidos que si hay un organismo que debe estar vigilante en este sentido, es nuestra querida Unión Internacional de Abogados.

Es cierto mis queridos amigos que los abogados sin la justicia no podrían existir. Pero no es menos cierto que la justicia sin abogados sería injusta. Y entonces volvemos a las siempre vigentes palabras del maestro Quevedo: “Donde hay poca justicia es un peligro tener razón”.

La justicia que no es únicamente la actuación de los organismos encargados de administrarla sino esencialmente un valor. Un valor que desde la UIA defendemos y preservamos. Esta es una preocupación que se refleja en nuestra propia estructura de organización.

Entendiendo a la justicia como el valor a defender, los abogados seguiremos siendo la última trinchera de la libertad.

A los abogados del mundo, les pido de corazón que esta lucha no se caiga y que cuenten con nosotros para defender a la justicia. A la justicia, le pido de corazón que actualice la balanza y arremeta con su espada porque sin sus buenos oficios… no somos nada.

Dr. Miguel Ángel LOINAZ RAMOS
Presidente de la UIA

1 – Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – 1645) Figura clave de la literatura española.

Fuente: uianet.org

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